Martes, 15 de Junio del 2021

INCERTIDUMBRE

Nos pasamos la vida esperando el fin de semana, el verano, volver a ver a ese amigo que vive en el extranjero. Necesitamos planificar, organizar nuestra vida, estructurarla para motivarnos en nuestro día a día y en nuestra rutina, para darle sentido a nuestro presente; estamos constantemente viviendo en lo que vendrá, anticipándonos sin ser conscientes del aquí y del ahora, haciendo intentos por controlar nuestra realidad. Necesitamos tener certeza y creemos que las cosas son de una u otra forma, evitamos sentir emociones que nos desagradan e idealizamos y generamos expectativas de futuro, y lo único que estamos consiguiendo es ahogarnos en la ansiedad.
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¿Y qué pasa cuando de repente no puedo planificar? Vivimos en un momento en el que nos hemos encontrado con una detención de expectativas, lo que nos permitió tomar consciencia de por qué no somos capaces de tolerar la incertidumbre.
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Definimos la incertidumbre como la falta de certeza, de evidencia, de todo aquello que no podemos saber o suponer. Aquellas personas que no poseen la cualidad de tolerar la incertidumbre están en constante preocupación por lo que vendrá y son incapaces de asumir el riesgo a lo impredecible, generando creencias irracionales que van más allá de la lógica. La reacción propia del ser humano ante lo que le provoca malestar es que tienda a ser rechazado o evitado, si bien es cierto que con esto lo único que conseguimos es que persista con más fuerza y que, por lo tanto, el exceso de preocupación lleve consigo un exceso de pensamientos negativos acerca de todo aquello que podría pasar.
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Una de las herramientas utilizadas actualmente para desarrollar la flexibilidad cognitiva sería el acompañamiento a través de preguntas inductivas que permitan esclarecer las creencias que tenemos sobre los problemas que nos acontecen y nos perturban en nuestro día a día.