Miércoles, 4 de Mayo del 2022

LA BICICLETA DEL INTELECTO

Dos jóvenes enamorados se bajan de su bicicleta al llegar a un gran parque. Se sientan sobre el verde césped con la bicicleta aparcada a un costado. Entonces el novio mirando en dirección al cielo, le señala la luna recortándose redonda sobre la hermosa noche y le dice a ella: ¡por ti soy capaz de todo, si me lo pides te llevaría hasta la luna!

Entonces se ponen de pie, suben a la bicicleta y emprenden el viaje…

Nuestra vida la vivimos de forma parecida a la narración de estos jóvenes.

¿Podrían realmente llegar a la luna en bicicleta? O esa expresión, tan asociada al anhelo de dos enamorados, no es más que eso, un anhelo profundo de expresar el amor y demostrarlo de manera contundente, pero utilizando medios inapropiados para lograrlo.

Nuestra vida se presenta, ronda de forma permanente en relación al pensamiento.

El pensamiento es el efecto de un instrumento, al que denominamos intelecto.

El intelecto es una magnífica herramienta que nos permite discernir, seccionar la realidad para verla. Aunque ese discernimiento es solo un proceso ideal, es decir, llegamos mediante el a conclusiones que son ideas, pensamientos que expresamos con palabras.

Es muy breve el tiempo en el que nos detenemos a reflexionar sobre este punto. Este punto es tomar conciencia, reflexionar profundamente (esa es la traducción de la palabra meditar: reflexión profunda) acerca de quienes somos. Somos aquello que pensamos o somos más que una simple idea o que una compleja idea, ya que sea simple o compleja no cambia su esencia. Estamos hablando de un proceso mental.

Recuerdan la famosa frase de John Lennon que dice: “La Vida es aquello que ocurre mientras estamos ocupados haciendo otros planes”? Bien, es exactamente el punto que estamos desarrollando.

Por un lado, lo que ocurre, la experiencia, lo vivencial, la vida misma. Todo esto asociado al sentir, al experimentar, a gustar, a tener el sabor, de ahí la sabiduría: tener el sabor de la vida.

Y por el otro lado, lo que se piensa, “lo que se me ocurre sobre lo que ocurre”, las ideas almacenadas en nuestra cabeza sobre esto, aquello y lo otro.

Alguna vez reparamos en el hecho que todo aquello que vemos, en realidad no lo vemos realmente, sino que lo estamos pensando. Cuando digo “mesa” tengo un concepto preconcebido acerca de eso que aparece y qué en algún momento de nuestra temprana vida, siempre a través de un proceso de adoctrinamiento, generalmente conocido como “aprendizaje”, le dimos un nombre…

Entonces, a partir de allí, nuestra vida pasó a ser vivida a través de ese bagaje de conocimientos albergados en nuestro disco rígido, ese instrumento conocido como intelecto o mente.

A partir de allí, nuestra vida pasó de ser vivida, a ser pensada, de ser sentida a ser ideada, de ser expresada a ser reflexionada…

Volvamos entonces a los jóvenes enamorados que toman la bicicleta para cumplir la promesa de llevar a su novia a la luna. ¿Podrían realmente estos lograrlo por esos medios? La respuesta es obvia: ¡por supuesto que no!

Entonces, podría un ser humano alcanzar la comprensión de la vida, de si mismo, de quien o que somos, utilizando la bicicleta del pensamiento.

El intelecto es un instrumento, magnífico. Sirve para cortar la realidad y dividirla en infinidad de partes, tantas como concibamos. Sirve para discernir y advertir, pero ese discernir y advertir no es mas que una posibilidad dentro de un campo de juego, que tiene reglas muy definidas.

Te doy otro dato, si quieres llegar a vos mismo, no tienes que dar más que un paso. Es más, ni siquiera es una cuestión de distancia, basta que te bajes de la bicicleta de tu mente y te pongas a sentir, cuando puedas dejar de pensar, es decir, cuando puedas elegir pasar del canal del pensamiento al gran canal del sentir, comenzarás a advertir, a disfrutar, a asombrarte nuevamente, igual que cuando eras muy chico, justo antes que te enseñaran a subirte a la bicicleta del pensamiento.

Esa bicicleta de la cual nunca más supiste como bajarte.

¿Se imaginan subirse a una bicicleta y no poder bajarse jamás de ella?

Bueno, está ocurriendo.

En Serena Mente te enseñamos como hacerlo.

Texto: Joaquín Monroy Saguez